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Tracklist |
Part 1
01.
Overture
02.
Frosti
03.
All Is Full Of Love
04.
Harm Of Will
05.
Undo
06.
Gotham Lullaby
07.
It's Not Up to You
08.
I've seen It All
09.
Unison
Part 2
10.
You've Been Flirting Again
11.
Isobel
12.
Pagan Poetry
13.
Generous Palmstroke
14.
Army Of Me
15.
Hyperballad
16.
Bachelorette
Encore 1
17.
The Anchor Song
18.
Human Behaviour
Encore 2
19.
Our hands
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| Reviews
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Únicamente a título de curiosidad, y en vista de que no ha aparecido
-que
yo sepa- en ninguna reseña ni crítica del concierto de Bjork en el
Liceu
de Barcelona, comentar que la canción "Gotham Lullaby",
interpretada en la
primera parte del recital, es una composición de la cantante Meredith
Monk, gran experimentadora musical y sobretodo, de la voz humana.
Visitó
Barcelona en un concierto -también- memorable y divertidísimo en el
Mercat
de les Flors hace ya algunos años y creo que todos los que
pudimos
asistir a él tampoco lo olvidaremos. Un personaje poco conocido pero de
un
gran interés musical. Animo a todos los que no la conozcáis a
descubrirla.
No es música fácil, pero por eso nos gusta, ¿no?.
Pere Puig
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Hello! My name is Daniel Aragón Vega, and I´m 21 years old. I live in Sant Boi de Llobregat, a town near to Barcelona. I study Information and Library Science (University of Barcelona). I discovered the Björk´s music in 1996. Since then I´m keen on all relative of her music career.
I feel lucky. Last 4th November, I went to the Björk´s concert in El Liceu. The concert was great, the acoustic of the threatre was perfect, and the musicians attitude too.
Well, this is mi review of the concert. Sorry, but is in spanish:
I have a recurrent dream
Domingo, 4 de noviembre de 2001.
12:30. Por fin ha llegado el día. O mejor dicho, el mediodía. Me levanto, después de haber salido el sábado por la noche. Me siento cansado, pero algo especial me motiva: ¿El Madrid-Barça? No, no. EL CONCIERTO DE BJÖRK EN EL LICEU.
Antes de comer preparo la ropa que vestiré por la tarde. Asomo la cabeza por la ventana, y veo que hace un buen día. No hará falta que lleve paraguas.
Después de comer me ducho, y seguidamente me visto.
18:00. Salgo de mi casa. Mi destino: la estación de ferrocarril. Yo vivo en Sant Boi, una población a 10 minutos de Barcelona, famosa por su hospital psiquiátrico y desde hace poco por Pau Gasol. Una vez llego a Plaça Espanya, hago el transbordo. Metro, línea verde.
18:45. Bajo en la estación de metro de Liceu. Para mi sorpresa, una de las dos salidas está cerrada. Retrocedo y salgo por la otra.
18:50. Llego a la puerta del Gran Teatre del Liceu. El concierto ha levantado mucha expectación: cámaras de televisión, periodistas, curiosos... La Guardia Urbana ha montado un dispositivo especial, para que la gente que se agolpa frente al teatro no dificulte el tráfico.
Dos chicos me preguntan si tengo entrada. Les digo que sí. Más tarde, me encuentro a dos amigos que también consiguieron una localidad. Lástima, ellos ocuparán una posición distante a la mía.
19:20. Por fin abren las puertas. O mejor dicho, la puerta. Las medidas de seguridad son estrictas, y nos hacen pasar a cada uno un detector de metales. Los empleados del Liceu revisan meticulosamente la entrada, comprobando su autenticidad.
Seguidamente, me dedico a "hacer turismo" por el teatro, visitando las diferentes estancias, escaleras arriba y abajo. Me compro una camiseta azul, en la que aparece una frase de Heirloom, una de mis canciones favoritas de Vespertine. Después, me despido de mis amigos, y un empleado me acompaña gentilmente a mi localidad.
19:30. Ya estoy sentado, ocupando mi butaca. Anfiteatro AM04, fila 3, asiento 16. Estoy en el primer piso, justo enfrente del escenario. La vista es perfecta.
Antes de que empiecen a actuar Matmos, me dedico a contemplar la decoración del teatro. El techo se encuentra en una posición muy elevada; desde mi posición tengo por encima 4 pisos más.
Mucha gente que está ubicada en diferentes puntos del teatro se saluda entre sí. Para muchos, como es mi caso, es una novedad estar allí. Hay gente de todas clases, pero predomina el look atrevido y juvenil. Seguidamente una voz masculina por megafonía recuerda (en varios idiomas) los minutos que restan para que comience la función.
20:00. El dúo Matmos hace su aparición en el escenario. Saludan al respetable. Su set, de marcado carácter electrónico, se compone de ordenadores, samplers y otros aparatos. También incorporan una pantalla de proyecciones. Además, son iluminados por cuatro potentes focos. Van acompañados de otro músico auxiliar, que acompaña a los de San Francisco en los directos, y que les asiste con una videocámara.
El espectáculo que presentan es un tanto chocante, teniendo en cuenta el marco donde se lleva a cabo. Música electrónica experimental, muy alejada de los convencionalismos del pop (y sobretodo de la música culta). Su set se basa en una serie de piezas musicales en las que usan diferentes sonidos extraídos de la vida cotidiana, además de diferentes objetos: una jaula metálica, una guitarra acústica... culmina su espectáculo inflando unos globos gigantes, y haciendo percusiones con ellos. Finalmente los sueltan y acaban en el techo del teatro. Epatante.
20:45. El dúo Matmos se despide entre aplausos. A su vez, cae el telón. Se empieza a preparar el gran momento. Aparecen en escena los miembros de la orquesta Il Novecento, y en menos de cinco minutos ya están perfectamente ubicados en el foso. Contabilizo alrededor de unos 55 músicos. La sección con más miembros es la de cuerda, seguida por la de viento y percusión.
20:57. Vuelve a sonar la voz: La función comenzará en 3 minutos. Está a punto de empezar...
21:00. Las luces se apagan. Hace su entrada el director de la orquesta, Simon Lee. Es muy aplaudido, y él corresponde con una reverencia. La orquesta empieza a interpretar Overture, la pieza instrumental de Bailar en la Oscuridad. Como diría Cruyff: "Tengo la gallina de piel".
Concluye Overture. Sube el telón. De la penumbra aparece una luz que ilumina una figura en el centro del escenario. Es Björk, sentada al lado de su ya famosa caja de música. Va ataviada con el traje de cisne, y descalza. Está interpretando Frosti, el corte instrumental de Vespertine. Pequeños copos de nieve caen sobre la cabeza y los hombros de la pequeña dama del hielo.
Ahora sí, una ténue luz blanca ilumina todo el escenario. La disposición es la siguiente: a la izquierda está la multi-instrumentista Zeena Peerkins, junto a un arpa acústica, una eléctrica, un clavicordio y un acordeón. Al fondo, el coro de mujeres de Groenlandia. A la derecha, el set electrónico de Matmos, de espaldas con americana y corbata. En una gran pantalla, que ocupa todo el fondo del escenario, son proyectadas imágenes de paisajes helados.
En esta parte, Björk no se dirige al público y está muy estática, para remarcar el tono más "formal" de esta parte del repertorio. Eso sí, uno de los asistentes le dedicó un simpático piropo: "Guapa".
Después del interludio de Frosti, empiezan a sonar los primeros acordes de All is full of love. Matmos disparan unas bases electrónicas similares a la versión del vídeo de Chris Cunningham, y Zeena Perkins toca el acordeón. Se desvanecen todos los temores: la acústica es perfecta, y la conjunción entre instrumentos electrónicos y acústicos extraordinaria.
Y qué decir de la parte vocal. Björk parece que no haga esfuerzo a la hora de cantar, y cuenta con muchos recursos para pasar de lo grave a lo agudo, del susurro al grito.
A esta canción les siguen Harm of will y Undo. Son canciones de marcado carácter intimista, donde la gente permanece completamente en silencio. Mientras, la islandesa nos sigue demostrando la amplia gama de registros vocales que es capaz de abordar.
Seguidamente, Björk interpreta Gotham Lullaby. Es uno de los temas menos conocidos, ya que no está publicado ni como cara b.
Después viene It´s not up to you, donde Björk es perfectamente complementada por el coro, y logrando que este tema sea recordado por mí como uno de los más redondos de la noche.
Y empieza a sonar el chacachá del tren... efectivamente, I´ve seen it all es interpretada por la islandesa. Y en ningún momento añoramos a Thom Yorke, puesto que la letra es modificada para poder ser cantada en solitario. Muchos aplausos.
Para concluir este bloque canta la preciosa Unison, el tema que cierra Vespertine. Un broche de oro para finiquitar la primera parte.
21:45. Me reencuentro con mis amigos en el descanso, y comentamos diversos aspectos sobre el concierto. La gente fuma nerviosa. Coincido con dos componentes de El Tricicle, que también comentan la jugada. Después vuelvo a mi butaca.
22:00. El telón vuelve a subir. Comienza la segunda parte. Ahora, la pantalla de proyecciones nos muestra imágenes de animales marinos. La iluminación ha adquirido unas tonalidades más cálidas, entre rojizas y anaranjadas. Ahora Björk viste un traje rojo con plumas.
Esta parte comienza con una canción del álbum Post. Se trata de You´ve been flirting again, que es interpretada a cappella y en islandés. Sólo un foco ilumina la figura de Björk. Es un momento muy intimista, a la par que emocionante.
Después, la gente enloquece: empiezan a sonar los arreglos orquestales de Isobel, uno de los clásicos del repertorio de la Reina Polar. Me resulta un tanto chocante no poder bailar, de manera que opto por seguir el compás con el pie.
Más tarde llega Pagan Poetry, que se inicia con el arpa de Zeena. Es uno de los momentos culminantes de la noche. Björk y el coro groenlandés se vuelven a complementar a la perfección en el cenit de la canción: I love him, she loves him...
En esta segunda parte, el concierto ha adquirido un carácter más festivo. Björk no para de moverse por el escenario, con esos característicos movimientos entre hada y bailarina. Además, anima al público, que responde de manera enfervorecida. Finalmente, se la vería muy emocionada por la respuesta del público. Alguien gritó: "Björk, I love you!".
Seguidamente, y al ritmo del arpa de Zeena, interpreta una de las caras b, Generous Palmstroke. En esta canción no es acompañada por el coro, cosa que me llama la atención.
Al acabar ésta, el coro abandona el escenario. Sorpresa: Llega Army of me, en una versión casi industrial, con unas programaciones (cortesía de nuevo de los reyes del click & cut, Matmos) que rozan el terreno del punk, y la potente arpa eléctrica de Zeena Perkins. Por un momento, la voz de la islandesa se pierde entre la distorsión que alcanza el sonido.
Para concluir esta parte llega el binomio perfecto: Hyperballad + Bachelorette, dos de las composiciones de Björk que más me gustan. A su finalización, todos los músicos se retiran enmedio de una gran ovación. La gente acaba poniéndose en pie, pidiendo que vuelvan.
Y acaban volviendo. Björk vuelve a dar las grasias (lo haría cinco veces). Llegaron los bises: primero The anchor song, donde la islandesa se acompaña sólo del clavicordio de Zeena, y se mueve graciosamente haciendo tintinear las piezas de las que se compone el traje. Después vendría Human Behaviour, su primer single en solitario, correspondida a ritmo de palmas por el respetable. De nuevo, los músicos se vuelven a marchar. Nueva gran ovación.
...Y vuelven otra vez. Björk, emocionada, dice: Do you speak english? Respondemos que sí. Y añade: Sorry, but I don´t speak spanish. Seguidamente presenta a la orquesta, con esa voz y ese acento tan particular que tiene, remarcando las erres.
Después presenta la última canción: Our Hands, una canción aún inédita. Esta pieza tiene un marcado carácter electrónico, con unas ritmos que por momento llegan al drum n´ bass. La participación del público es muy importante, ya que tiene que hacer palmas en el estribillo.
23:00. El concierto ha acabado. Abandono el Liceu bastante flasheado. Me vuelvo a reunir con mis amigos. Acabamos aplaudiendo, ya en la calle, a los miembros de la orquesta Il Novecento, que son los primeros en salir.
1:30. Me acuesto. Por esta noche ni me ha molestado que el Barça haya perdido el derby. Me duermo pensando que he vivido una velada inolvidable, y que me apetece repetirla. Quizá en un festival, de cuyo nombre no quiero acordarme, el próximo verano.
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BJÖRK EN ESPAÑA
DE CÓMO UNA VESPERTINA SE DIVIDIÓ EN DOS ACTOS
Una reseña se hace de un día para otro. Por eso, lo siguiente es el resultante del matrimonio entre una crónica con un reportaje reposado. Y todo ello con una historia muy simple: de cómo un tipo como cualquiera compra la última entrada en Madrid, para ver el concierto de Björk en el operístico Gran Teatre del Liceu de Barcelona.
DANIEL CENTENO M.
BARCELONA/ESPAÑA
FNAC de Madrid
Sábado 6/10/01
8:50 a.m.
Mucho antes de todas las luces, de la electrónica más elemental de Matmos, de los dos encores aplaudidos a rabiar, del par de miles de cabecitas histéricas en el Liceu y del mail que recibí; Björk o, mejor dicho, las altas esferas españolas habían experimentado largamente con el ansia del público feligrés. La islandesa más popular de la actualidad había sacado nueva placa, Vespertine, y para ello se había encaprichado en enmarcar su gira, bajo los telones de terciopelo de los más grandes escenarios operísticos europeos.
El Teatro Real de Madrid fue enfático en su actitud: “¡No, señor! Ella no canta aquí. ¡Qué se habrá creído esa histérica de ojos rasgados!”. El Liceu de Barcelona, con sus veleidades conocidas, prefirió mantener en suspenso su respuesta. El mítico escenario, que en pleno siglo XXI le negó su membresía a la mismísima Monserrat Caballé, por el simple hecho de ser mujer, quizo jugar a ser más caprichoso que la esquimal y lo logró. Los representantes de ésta última, sin saber qué hacer, optaban por poner y quitar la supuesta fecha del concierto catalán en la página oficial como si fuera un simple juego de tachuelas. Sólo una cosa podía estar segura para ellos: Björk estaba destinada a bailar en la más completa oscuridad española, y sin ningún Cannes de consolación.
En eso estaba medio mundo castizo. Era lo último que, luego de la afrenta de ni por asomo pertenecer al G8, España también estuviera excluida de un acontecimiento tan grande. Todo esto quizá era lo que había pensado más de uno en la inmensa cola, que se formó en las puertas de la FNAC de la madrileña Callao. Por misterios de la naturaleza, el 5 de octubre se dio el ultimátum esperado: El Gran Teatre del Liceu decía que sí y las dos mil entradas se iban a vender desde las 10 de la mañana del día siguiente. Para ello se contaría con todo un despliegue planificado a última hora, que abarcaría puestos telefó! nicos, cadenas de tiendas a nivel nacional, páginas web y vaya usted a saber.
Todavía quedaba más de una hora para la apertura de puertas, y a la gente no le importó ni la lluviecita, ni el tiempo de mil carajos, que reinaba en el ambiente. Había que trasnochar, que pegar ese día como continuidad de la juerga anterior, que conseguir las entradas para que esa niña que nunca te había dicho sí cambiara de parecer. Para ello, como era de imaginar, se debía cargar un bolsillo oneroso. Los precios del Liceu se ignoraban por completo, pero el golpe iba ser duro. Tanto como para sobrepasar la barrera de las veintidós mil pesetas por los mejores puestos.
Pero de las máquinas expendedoras madrileñas no salía ticket alguno ni por asomo. Esa Björk que, ataviada de un extraño vestido con cuerpo de cisne, aparecía en plan Lexotanil en su último disco; contrastaba con la desesperación de jóvenes retros, opusos, groovis, punkis, bobos, yuppies y vividores que merodeaban la zona como buitres. Todos, y como es de esperarse en un país desarrollado, veían el minutero de sus relojes sin mucho coraje, como con una especie de pusilanimidad que la Altísima le entregaba a sus escogidos. No había que engañarse: Eran pocas entradas para toda España y en su única presentación.&n! bsp; Para ello, la islandesa había prometido meter un coro de esquimales, una orquesta sinfónica y unos músicos electrónicos. Una maravilla para todos, menos para el tipo que estaba detrás del cronista, quien, a tres horas de espera y de ensalzar continuamente el trabajo de su diva, salió de la formación con un sutil: “¡Que te den, esquimalcita #@&$!” Bueno, cambio de opiniones los tiene cualquiera...
Y así estuvo el cuento en Madrid. La gente esperó pacientemente. Muchos, como el anteriormente aludido, se fueron dando improperios o bajo alguna otra excusa más sobria. Sin embargo, el sentimiento cívico prevaleció ante la cara de muchos que habían fallado vía-convulsa-línea-telefónica-de-ventas-de-entradas-para-Björk, de muchos que veían por la pantalla de Internet cómo un andaluz había comprado su ticket (mientras en Madrid no se salía del atasco informático), de muchos que ya daban por perdido ese sí que esperaban de la esquiva niña que pretendían sin fines de lucro.
Sí. De esas y muchas cosas se pensaba. Incluso cuando a la 1:20 p.m., y después de ver desfilar y arrodillarse a un par de malditos revendedores, repletos de entradas, ya se estaba dentro de la taquilla: Un sobrio decorado de vidrios en el que, el chico que estaba adelante, no dejaba de pronunciar con voz femenina: “Qué nervios, qué nervios. Deme dos entradas. Qué nervios, qué nervios”. Una petición imposible de complacer: A la 1:23 sólo quedaba un ticket en todo Madrid; y el hombre no podría ir sin su pareja. De seguro, éste no se lo perdonaría jamás... Así que, en aras del periodismo canalla, el detalle ayudó a que el servidor se encuentre escribiendo la crónica, que usted se ha empeñado en leer tan sólo porque se trata de Björk y de su franquicia de igloos.
Gran Teatre del Liceu de Barcelona
Domingo 04/11/01
8:00 p.m.
El periodista y escritor argentino Rodrigo Fresán me había pedido que, de su parte, le diera una fuerte patada a Björk. Todo fue en una breve conversación telefónica. No era de extrañar su actitud. Tan sólo unas semanas antes, me había mandado a mi correo electrónico su trabajo periodístico A propósito de Björk, en el que esgrimía diez razones por las cuales abominar a la cantante: “Es tan fácil odiar a Björk –desconfiar a todo aquello que venga con dos puntitos sobre alguna de las letras de su nombre que no sea Häagen-Dazs—como lo es odiar a los mimos. Hey: ¡¡¡Björk es un mimo que grita!!!/Ric! ardo López –fan de Björk—le envió un paquete bomba y después se voló la cabeza frente a una cámara de video. Con admiradores así quién necesita enemigos.”
Ante sus opiniones, y enfrente de un pacífico café, no podía hacer otra cosa que estar de acuerdo en una de sus cuantas lecturas, sobre la chica que le robó algunas horas de su vida en la redacción de un artículo envenenado. ¿Acaso usted hubiese tenido la cara de destrozarla con un ticket de 13.500 pesetas dobladito en su cartera? ¿Lo haría con más de cuatro horas de cola en su haber para comprarlo? ¿Sería capaz con lo que gastó en el pasaje y el hospedaje en una zona repleta de temporadistas por el día de muertos? ¿Se atrevería con la incertidumbre de no saber qué iba a comer por el resto del mes? Incluso los perdedores, tenemos nuestro honor que preservar... Vamos, que lo interesante era ver cómo se las arreglaba el Gran Teatre del Liceu para, por primera vez en toda su agrietada historia, cobijar a 2.096 raritos de todas las estirpes. Eso sí era lo importante.
“Cada lugar tiene su modo de hacer las cosas y yo lo respeto – comentaba Björk en su corta rueda de prensa catalana -. No hay tradición de cantar música pop en un teatro de ópera. Es muy difícil. No esperaba que todas las puertas se me abrieran de par en par. Pero me parece fantástico que se arriesguen experimentando conmigo. Un concierto como éste en un local pensado para el rock sería un desastre: allí todo suena muy fuerte y yo necesitaba que los sonidos se encontraran naturalmente. He escogido cada local por sus condic! iones acústicas. Necesitaba cantar sin micrófonos, en donde una orquesta pudiera sonar sin amplificación y que no fuese ni muy pequeño ni muy grande. Todo mi equipo ha estado más de un año investigando locales a través de publicaciones y de Internet. Ahora sería capaz de escribir un libro sobre eso”.
En el fondo era cierto. Pero, aunque no sea de caballeros contradecir a una dama, el mayor riesgo del pueblo culé fue facilitarle la fecha de presentación a la islandesa en pleno primer derby de la temporada. Como bien se sabe, con un Barça-Madrid no se juega...
En eso estaba. Realmente, como sucedió en la cola de Callao, se podía pensar en el tiempo libre que ofrecía el dúo experimental Matmos. Una suerte de vaporosidad electrónica californiana, que no escondía nada bajo el sol. Gracias a sus débiles composiciones estilo PlayStation2, se podían imaginar los desencajados rictus de las cientos de personas, que aún permanecían afuera en la enorme cola. Ciertamente, en plena presentación, era fácil recrear la cantidad de tipos con piercings y otros artificios que, luego de haber sido registrados hasta la extenuación, terminaban por posar sus botas llenas de barro e! n el espaldar de alguna lujosa butaca en donde alguna vez se habrá sentado Jordi Pujol. Sí, eso era lo único que se podía salvar de la actuación: los sonidos de los miles de acentos en la colas, la imagen de yonquis, proxenetas y prostitutas que merodeaban las Ramblas con cierta curiosidad infantil, la aglomeración que impedía el paso automotor, los señores de más de sesenta años que revendían entradas en la puerta para emborracharse en un baile de sardanas, la musiquita y aviso trilingüe cada tiempo antes de la presentación... Porque, si a ver vamos, de lo único que me acuerdo de Matmos era de un calvo a quien se le pasaba una maquinita tipo bolígrafo Paper-Mate, que hacía horrendos sonidos. Ahhhhh, y también de los desanimados aplausos que les otorgaba el público. De eso también me acuerdo! .
Ignorando por completo el cachetón, que le propinó Fernando Hierro a Rivaldo en plena concomitancia futbolera, la orquesta sinfónica Il Novecento se apersonó con sus cincuenta y cuatro jóvenes músicos y su director Simon Lee. Más atrás, los Matmos, la multi-intrumentista Zeena Parkins y un coro de unas catorce groenlandesas con trajes festivos. Entre las penumbras de los aplausos iniciales, y de la Overture de Selmasong, un chorrito de luz bañaba una islandesa vestida como en la portada de Vespertine y rociada de pétalos de rosa.
“Pierdo dinero. Somos setenta y cuatro personas sobre el escenario. Trabajar con tanta gente resulta muy caro, pero quería hacerlo desde hace mucho tiempo. Siempre había soñado con poder cantar con una orquesta y con un coro. Me lo he tomado como un experimento breve y atrevido. Sé que sólo voy a poder realizar algo así una vez en la vida” – comentaba Björk el día anterior, dentro de la inusual rueda de prensa dada en Barcelona. El único lugar en el que su single era número uno y su álbum número dos.
Ahora, la nívea esquimalcita de ojos rasgados daba saltos infantiles, gritaba y se tocaba la cara como un lactante. Una buena estrategia que le ha proporcionado el status de genio para los menos enterados (periodistas incluidos). Sin embargo, y en honor a la verdad, dentro de todos los detalles dorados, de los pulcros baños y de los pasillos señoriales del Liceu; se derramó una excelente música de casi todo el álbum Vespertine. Frosti, All Is Full Of Love, Harm Of Will, Undo y Gotham L! ullaby sonaron ante una pantalla de glacial video-arte y un coro esquimal que se creció con It's Not Up to You, I've seen It All y Unison. Fin de la primera parte.
Para escuchar la segunda mitad sólo se tardó quince minutos de espera. Björk reapareció con un traje de plumas rojas y, ante los castizos “¡I love you!” o “¡Guapa!” desperdigados por el público, entonó su You've Been Flirting Again. Sólo en contadas ocasiones, la frialdad polar de la cantante se dirigió al público con algunos “¡Graziaz!”. Lo de la diva era seguir su espectáculo, sus brinquitos, sus agarradas de cara y su eterno alejar y acercar de micrófono para embelesarse con la acústica del recinto. Saldo en canciones: Isobel, Pagan Poetry, Generous Palmstroke, Army Of Me, Hyperballad y Bach! elorette. Falsa despedida.
Como es costumbre en la etiqueta concertística mundial, la gente no se levantó de sus asientos, los músicos no apagaron sus equipos y los aplausos no amainaron hasta la aparición de The Anchor Song y la espléndida Human Behaviour (con más actitud Pipi Calzas Largas que nunca). Su quinta “¡Graziaz!” y despedida insalubre.
Por último, Björk reapareció con su enorme personal. Se dirigió al público, en su extraño inglés lamentó no hablar español, presentó a sus músicos y pidió que la acompañaran con las palmas en la inédita Our hands. Acabose total: gente colapsada, gritos, besos al aire, la Parkins dando saltos con un acordeón terciado y el cronista en la enorme cola de devolución de objetos del Liceu.
Afuera, ante la candorosa ilusión del público en esperar la salida de Björk, los policías lidiaban con mala cara los miles de raritos y chismosos que impedían el tráfico. En medio del gran sudario de aplausos, a cuanto músico reconocible pasara con su instrumento, se le preguntó a un oficial el resultado del derby. “2-1. Ganó Madrid”, respondió con amargura el buen hombre.
De regreso, me dio por pensar en ese mártir urbano. La vida sin el triunfo del Barça, ante su eterno rival, era una completa porquería; como para ahora torear a unos cuantos idiotas que se olvidaron del honor de Catalunya por unas correrías de una islandesita excéntrica... A mí, por mi parte, sólo me quedaría retornar a Madrid y decir: “Vi a Björk con la última entrada que quedaba en todo Madrid”. Quizá y hasta me servía para ligar.
Ya lo había dicho antes, hasta los perdederos tenemos nuestro honor que preservar.
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Hello Björk,
My name is Patricia, I'm 23 years old,
I'm from Barcelona. Excuse me because my english is very poor.I want tell you that I was in your
concert, in theatre LICEU, and it was "SUBLIME" (I don't
know how say it in english and I tell you with a spanish word that
describes it for me). The concert was "genial"
musiclly talking, Excuse me but I prefer write you in spanish for give
you my real opinion:
El concierto fué genial, auténtico,
estuve todo el concierto con la piel de gallina, verdaderamente nos
hiciste vibrar, fué una experiencia preciosa.
El sitio era el idóneo para un
concierto tuyo, con tu voz y la acústica del local, el resultado fué
una maravilla y vuelvo a repetir que vibré de verdad y me emocionó.
Bueno, sólo quería que supieras que tu
trabajo es valorado por gente que escuchamos y nos encanta tu música.
Mi correo electrónico es: patgjr@hotmail.com.
Muchas Felicidades y que sigas sorprendiéndonos
y deleitándonos con tu profunda música.
Saludos!!
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Finally, one week after, I think that I can write something.
For me the show wasn´t just a show. Was a MasterPiece. I went all the
way from Portugal, i decided to go only on sunday morning, i get the
aeroplane, i don´t know exactçly what was hapening with me, it was
just a voice that always was teel me - "go, even if you ain´t
got a ticket go..." and i went. I buy a ticket to an old
man, i pay about 32 .000 pesetas, but i saw the show. I am a musician,
for me, the main goal was not only to see the show but also as a
musician to understand the concept of that information that All the
musicians gave to us. It was the first time in years that i could felt
a bizarre emotion of a pure human being acting
with a music show but, this time, outside the stage.
Even if it sound perfeclty for me, i only miss one song - unravel -
also because of my state of unravelity that i was feeling at that
time, running to other country only to see a show. Was something that
i never could imagine that was possible to do. I also spoke with some
prodution members and i gave a cd from my band to them, hope they gave
it to Bjork, hope she´s listening to it - Film by
The Gift. After that show i thought to myself - what a
wonderfull world.
nuno
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Hace justo una semana tuve la gran suerte de ser uno de los pocos
privilegiados que pudo asistir al único concierto que la cantante
Bjork ofreció en España. El Liceu de Barcelona abrió sus
puertas para ofrecer un conjunto musical sin precedentes, la menuda
cantante arropada con una orquesta de 54 miembros, un coro de 14 summis
(mujeres groenlandesas) y el duo de música electrónica Matmos nos hizo
vibrar a las 2.200 personas que abarrotábamos el gran teatro del Liceu.
Dividido el concierto en dos partes, la primera fue dedicada casi
integramente a su último album "Vespertine", y en la segunda
ofreció canciones de sus anteriores trabajos a excepción de
"Pagan Poetry". Con "Army of me" parecía que
el teatro del Liceu iba a ceder tras la intensidad sonora y musical del
concierto así como a la entrega de los allí presentes, pero todavía
quedaba "hyperballad" y "barchelorette", con la que
cerró el concierto, para llegar al éxtasis total, toda la gente
en pié aplaudiendo y, según comentaron, en los pisos había gente
incluso bailando fuera de sus asientos, era impresionante, tuvieron que
transcurrir cinco minutos continuados de aplausos para que la cantante
saliera otra vez al escenario y sonara, junto con la prestigiosa arpista
Zenna Parkins el tema "anchor song", para seguir con un
"human behaviour" colosal, con toda la gente otra vez en
pie y con la cantante yendo de un lado a otro del escenario como si
estuviera poseida de una magia especial, finalmente, y pese a que parecía
haber acabado el concierto, tras otros cinco minutos de aplausos, Bjork
salió al escenario para presentar a los miembros que le acompañaban y
dedicarnos un tema inédito: "It´s in our hands", y tras
acabar la canción, entre avergonzada y emocionada, abandonó el
escenario como si justo en ese instante hubiera descendido a
la realidad, y tras encontrarse cara a cara con 2.200 personas en pie
ovacionándola no pudiera resistir la situación de ese momento.
Pese a que no pudimos oir temas como "hidden place",
"cocoon", "play dead", "joga"........ fue
una irrepetible noche que recordaremos siempre.
Juan Carlos & Esther
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http://www.elmundo.es/
DOS HORAS DE POP EN UN RECINTO HISTORICO
Björk cumple su sueño y da sentido al lema 'Liceo de todos'
Las entradas alcanzaron las 50.000 pesetas en la reventa
La cantante Björk, durante un momento de su actuación en el Liceu de Barcelona.
(Oriol Tárridas)
BARCELONA.- La cantante islandesa Björk cumplió anoche su sueño de actuar con una orquesta y, de paso, dio sentido al lema ideado con motivo de la reconstrucción del coliseo operístico barcelonés y que rezaba 'El Liceo de todos'.
Quemado por una negligencia, las Administraciones -Estado, Generalitat y Ayuntamiento- se volcaron para volver a levantar el teatro, construido en 1867, y aportaron más de 12.000 millones de pesetas de dinero público para un recinto que abrió sus puertas con un lema, "El Liceo de todos", que hasta anoche se había demostrado falso.
Por primera vez en la historia centenaria del Liceo, el pop hizo su aparición de la mano de una islandesa tímida, apocada y pizpireta que responde al nombre de Björk y que ha democratizado durante dos horas una institución habitualmente nada democrática.
Zapatillas deportivas, tejanos, camisetas, 'piercings' y ombligos al aire se apoderaron del Liceo, ese protegido de las administraciones, las mismas que dejaron morir Zeleste y lo abandonaron a su suerte.
Ayer, un total de 2.100 espectadores, barceloneses y españoles, pudieron por fin disfrutar de un teatro pagado a precio de Guijuelo para presenciar una perfecta conjunción de orquesta y música electrónica, de sensibilidad y ruido controlado, de coros y voces groenlandesas, todo servido por una personalidad única, una artista siempre avanzada a su tiempo que hace del riesgo su motivo de ser.
Eran las 19.00 horas y los alrededores del Liceo eran un hervidero de gente expectante, de revendedores que colocaban localidades: de 30.000 a 50.000 pesetas se pagaron.
Teloneros 'indie-tech'
A las 20.00 horas, el dúo californiano Matmos ejerció de telonero con 40 minutos de esperanzador 'indie-tech', el sonido del futuro, esa mezcla de ruidismo sugerido electrónicamente en su disco 'A chance to cut is a chance to cure' y que ya es vanguardia gracias a Björk.
A las 21.00 horas, el dúo, vestido con americanas claras, se ha ocupado de sus máquinas electrónicas, mientras 14 mujeres groenlandensas vestidas con trajes festivos de su tierra se situaban en un segundo plano central y la arpista neoyorquina Zeena Parkins, con sus dos arpas, electrónica y acústica, se instalaba en un margen, mientras el foso quedaba para los 54 profesores de la orquesta Il Novecento, dirigida por Simon Lee.
Tras una obertura instrumental perteneciente a la banda sonora de 'Dancer in the dark', Björk apareció, vestida de blanco y descalza, sobre el escenario para iniciar el concierto con 'All is full of love', mientras una pantalla ofrecía imágenes de su tierra, paisajes de glaciares, témpanos gigantes y mucho frío, por si alguien tenía alguna duda de que se trata de un disco invernal.
Durante 45 minutos, la primera parte se ha centrado en el material del nuevo disco, 'Vespertine', del que han sonado piezas como 'Undo', 'It's not up to you' o 'Unison'.
Dos canciones anteriores, 'I've seen it all' -de 'Selmasongs', la banda sonora de 'Dancer in the dark'-, y 'Unravel', de 'Homogenic', han sido la única concesión a otras épocas en esta primera parte, en la que Zeena Perkins ha utilizado también el acordeón y el organillo o 'porter'.
Tras la media parte, de 15 minutos, Björk se ha cambiado de vestido y, con falda de plumas roja, como la iluminación del escenario, que ha derivado también hacia el amarillo y el verde, ha ofrecido un repaso de sus grandes éxitos.
La pantalla apostó entonces por las estrellas de mar y los motivos animales y florales, Björk se movió grácilmente, como una mariposa, Matmos tiraron de americana oscura y, siempre de espaldas al público, sacudieron al Liceo con texturas sonoras a base de ruidos.
Vídeo censurado
Fue el momento entonces de 'You've been flirting again' -en islandés e inglés-, 'Isobel', 'Generous palmstrokes', 'Army of me', 'Hyper-ballad' y 'Bachelorette', salpicadas por la nueva 'Pagan poetry', la del vídeoclip censurado, que ha mostrado a Björk gritando el estribillo final, ese desgarrador 'I love him', mientras el coro le contestaba: 'She loves him'.
El Liceo ya se había convertido en una discoteca que aplaudía rítmicamente las bases más agrestes, en una demostración de que una estrella del pop no tiene nada que envidiar a la música culta, poblada a menudo por divas de cuarta fila.
En el bis, y tras 'The anchor song', también bilingüe, sonaron 'Human behaviour' y la inédita 'It's in our hands', antes de la cual presentó a sus acompañantes y dio las gracias en castellano por quinta vez.
El público, puesto en pie, ovacionó largamente ese equilibrio perfecto entre la tradición y la vanguardia, entre el pop y lo popular, en un recinto, el Liceo, que ayer por fin hizo su Transición.
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Björk seduce al público del Liceo con un concierto que fue un paseo por sus sueños.
La actuación de la cantante islandesa se convirtió en un acontecimiento social.
MIQUEL JURADO | Barcelona
Como un cuento de hadas comenzado en la lejana tierra de los hielos y concluido aquí, donde el sol calienta las palmeras. Lo que un día pensó la protagonista se hizo ayer realidad en un solemne teatro lírico repujado con dorados y vestido con tapicerías acolchadas.
Allí fue donde Björk logró hacer realidad su sueño de llevar el pop, una música no ilustrada, al lugar donde dicen que el arte se escribe con mayúsculas. El cuento hizo que Björk triunfara en un Liceo entregado que conoció otros lenguajes y modos de comportamiento.
Y eso que los muchos que ayer visitaron el Liceo por vez primera en su vida decidieron acudir a la cita sin mostrar dudas que pudiesen denotar su bisoñez. Sólo en el descanso una pregunta que descubría orígenes se repetía por doquier: ¿dónde se puede fumar aquí? Por lo demás, solventada la duda, el público se limitó a demostrar cuán feliz estaba allí, entre los escogidos, viendo cómo la artista les obligaba a bailar en la estrechez del cuarto piso, un lugar nada familiarizado con el baile ni con el cabeceo rítmico del público que sigue lo que acontece en escena.
Pero anoche la escena estaba ocupada por Björk, una estrella que con la sola elección de los lugares en los que está presentado Vespertine ya ha conseguido que sus conciertos sean un acontecimiento social. Ése era el ambiente que se vivía ayer en el Liceo, un espacio que lastimosamente no estuvo siempre a la altura de las circunstancias. Por ejemplo, no se sabe bien por qué, sólo se abrió uno de los accesos, por lo que las colas, escasas cuando toca lírica, se alargaron por la Rambla poniendo a prueba la paciencia del público. Una vez superado el primer control ya en la puerto se tenía entonces la sensación de ser pasajero de aeroplano y la seguridad, escáner incluido, recordaba que vivimos tiempo de sospecha. Fue lo único que en la noche de ayer no tuvo regusto de cuento con final feliz.
Incluso de cuento pareció la actuación de Matmos, el dúo de San Francisco que en escena recordaba a dos afanosos sabios trasteando en sus máquinas a fin de extraer de ellas los sonidos de un mundo de pesadilla. Ellos, responsables parciales de la producción de Vespertine, abrieron la noche proponiendo la cara menos amable (y también más consabida) de la electrónica, que luego con Björk giraría hacia su fisonomía amable, tierna y onírica.
Porque así planteó Björk su concierto, como un paseo del mundo de sus sueños. Comenzó a caminar por él con la preciosa All is full of love, casi una declaración de principios. Vestida como una cenicienta que no quiere olvidar su realidad, con una especie de tutú irregular que tenía un no sé qué de dulce harapo, la islandesa comenzó a desgranar piezas como Unravel o Undo, esta última primera pieza en sonar de su último disco. Pese a que Matmos ponían el toque de distancia necesario para que lo dulce no empalagara, Björk parecía estar contando cuentos de hadas que tocan el violín, de duendecillos que tañen el arpa, de geniecillos locos y traviesos como ella, que se movía descalza y despreocupada en escena. Parecía así una niña humilde que dentro de un palacio muy hermoso demuestra lo impresionada que está dando saltitos de un lado a otro.
Y así fueron sonando Unison, I've seen it all o It's not up to you, piezas que formaron la primera parte del concierto. Tras el correspondiente descanso, se ve que el arte con mayúsculas pide recesos para favorecer así la digestión, de nuevo a la carga. El vestido de Björk ya no era perla, sino de un rojo intenso que se desparramaba por las plumas de la falda. Rojo también era el escenario y rojas las palmas del respetable al ovacionar piezas como Pagan poetry, Isobel, Hyperballad o Bachelorette, clásicos en el repertorio de la artista. Parecía raro estar allí, escuchando el runrun maquinal de canciones como Army of me, pero sí, el pop solemne de Björk estaba vistiéndose de largo en el Liceo.
Si lo necesitaba o no es cosa de un debate que ya queda servido, pues más de uno sostiene que el pop demuestra un complejo de inferioridad más bien ingenuo que sólo se sacude de encima cuando llega a los teatros. Y si encima lo hace en plan casi travesura, como lo hizo con Björk, miel sobre hojuelas.
Sea como fuere, el de Björk no fue un concierto que musicalmente requiriese de forma perentoria el Liceo. Los arreglos de las piezas como las que pasaron por escena también podrían sonar de manera adecuada en cualquier lugar pensado para ofrecer música en directo. De todas las maneras, eso sí, el plus simbólico que supone el Liceo explica el porqué de la proyección pública de este recital. En su parte final, y con Björk habiendo demostrado sobradamente toda su versatilidad como vocalista, composiciones como In our hand certificaron la entrega de un público encantado con ese cuento de hadas que Björk contó.
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La cantant islandesa presenta 'Vespertine' i repassa els seus grans èxits en un emotiu concert davant d'un públic entregat
Björk transforma el Liceu en temple del pop
Pere Pons
BARCELONA
Per una nit el coliseu de la lírica es va transformar en temple del pop. Björk, la veu volcànica dels glaciars d'Islàndia, va omplir el Liceu de màgia i va servir dues hores de vibrant espectacle.
La intèrpret va oferir un espectacle de més de dues hores de sobrietat intensa i desbordant, farcit de contrastos i amb el batec de l'emoció a flor de pell
El pronòstic de la revenda era de 100.000 pessetes a platea, però finalment es van acabar venent entrades a un preu inferior a l'oficial
Una noia menuda, de prop de metre seixanta, descalça i amb vestit de ballarina va ser la responsable que el Liceu de Barcelona canviés el seu àmbit habitual per transmutar-se en excepcional coliseu de la modernitat. El seu espectacle, centrat en l'esperit del seu darrer disc Vespertine, però amb múltiples arestes que recollien el fruit dels seus treballs anteriors, va seduir completament un auditori disposat des del primer moment a idolatrar la seva deessa.
Van ser més de dues hores de sobrietat intensa i desbordant amb el batec de l'emoció a flor de pell. Björk va convertir el Liceu en la seva particular capsa de música mentre el cor dels 2.100 assistents bategaven al ritme uníson de l'arpista i multiinstrumentista Zeena Parkins, el laboratori de sons electrònics de Dj Matmos, les quinze veus femenines del cor de Groenlàndia i la cobertura de tota una orquestra amb 54 músics. Davant tota aquesta amalgama de sonoritats, estils i estètiques, però, la peça bàsica d'aquest complex engranatge no va ser cap altra que el component humà vehiculat a través de la fascinant veu de la cantant islandesa. Una veu que viatja del xiuxiueig al crit sense quedar fora de to i que sap conduir el cabal de sons que l'envolten fins a llacs de dolça serenor i mars d'aigües tempestuoses. Aquest contrast incessant va ser el que va dominar al llarg de les dues hores que va durar un espectacle de moments i evocacions tan aviat íntimes i en penombra com explosives i lluminoses. L'única constant en aquest devessall d'emocions i intensitat va ser l'actitud en tot moment entusiasta i encoratjadora d'un públic al qual poc li faltava per fregar-se els ulls o pessigar-se per constatar que allò que estaven presenciant no era cap meravellós somni sinó una onírica realitat.
Des de primera hora de la tarda del diumenge bona part d'aquest públic ja feia cap a les portes del Liceu i la part baixa de les Rambles estava ocupada per un dispositiu especial de la Urbana per tal d'evitar embussos en la circulació. Quan es van obrir les portes, a les set de la tarda, una cua d'uns dos-cents metres s'estenia dos carrers més enllà de les portes del teatre líric. Els piercings, els pentinats i la varietat en la roba tan informal com extravagant dels que feien cua per entrar al Liceu ja advertia els curiosos vianants plantats a les Rambles que aquella vesprada no es viuria una nit d'òpera qualsevol. A la mateixa porta, els revendes intentaven treure's de les mans unes entrades amb què volien fer l'agost però que finalment amb prou feines van donar-los per comprar una bossa de castanyes. El pronòstic més alarmista era de 100.000 pessetes la revenda d'una entrada per a platea que a taquilla valia 22.500, però la realitat rebaixava fins i tot el preu oficial fins per sota de les 20.000.
L'accés al teatre, previ exhaustiu control de seguretat, va ser lent però fluit; com el trànsit de tornada a la capital després del pont de la castanyada. A partir de les vuit de la tarda el ruidisme i les digressions electroacústiques de Dj Matmos van escalfar l'ambient generant el caliu necessari perquè quan passaven pocs minuts de les nou s'apaguessin els llums i aparegués, per fi, després d'una breu introducció musical, la diva del pop. Vestida de blanc i amb el fons obscur, Björk va iniciar el trajecte amb All is full of love, una peça del disc Homogenic. Per bé que aquesta primera part va centrar bona part del seu repertori amb els temes més continguts i intimistes del seu recent Vespertine que tenien com a fons de projecció la imatge fixa d'un glaciar. Just una hora després Björk va encentar la segona part vestida de vermell i va acabar fent del Liceu una gegantina discoteca on els cossos no podien evitar sacsejar-se al ritme dels seus temes més coneguts. Hyperballad va posar el punt final per més que després van arribar una successió de bisos fins que el públic va acabar dret aplaudint d'allò més aquesta menuda islandesa que va saber profanar d'una manera terriblement encisadora el reconstruït temple de la nostra lírica.
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Björk abre el Liceu al pop en un concierto triunfal
La cantante bordó un 'show' imaginativo con una orquesta y un coro de Groenlandia
JORDI BIANCIOTTO BARCELONA
Exquisita, turbadora, casi sobrenatural. Björk ofreció anoche en el Liceu un concierto que justificó las colas, las esperas nerviosas, los precios de las localidades y la incertidumbre vivida durante meses entorno a su histórico estreno en el teatro de la ópera barcelonés. Apoyada en suntuosos efectivos instrumentales (orquesta de 54 músicos dirigida por Simon Lee, coro groenlandés, el dúo electrónico Matmos y la arpista Zeena Parkins), la estrella islandesa demostró que su idea de pasear su repertorio por salas serias no era un capricho de diva, sino una propuesta plástica deslumbrante.
Björk, con la orquesta Il Novecento en primer término, durante su concierto de ayer en el Liceu.
El Liceu cambió de cara por una noche. 2.096 espectadores se vistieron de gala indie para acudir a una cita para los libros de historia. Por ello, la velada tuvo un componente añadido de experiencia iniciática y de gira turística para muchos asistentes. Y mientras el dúo Matmos abría la sesión (un temario abstracto y de puesta al día electrónica de la musique concrète que no escatimó dosis de ironía), no fueron pocos los que desviaban la mirada hacia los acabados decorativos del teatro.
Un insinuante clima ártico cubrió el primer bloque del concierto, dominado por luces blancas. Overture, la pieza de cabecera de la banda sonora de Dancer in the dark, abrió la sesión con todo un despliegue de la orquesta Il Novecento. Y el breve interludio de Frosti dio paso a una Björk envuelta en plumas blancas que entonó All is full of love. El temario de Vespertine marcó la pauta del primer bloque con piezas que, como Undo y la majestuosa It's not up to you (con impactante implicación del coro de voces esquimales), mantuvieron a la sala en vilo.
EMOCIÓN EN HIELO
Unas proyecciones de paisajes árticos helados subrayaron la sensación ingrávida y de desamparo emocional de la primera parte. El recuerdo a Selma (su personaje en la cinta de Lars von Trier) resurgió en I've seen it all, canción tras la cual Björk brindó un escueto y sonoro "gracias" a la audiencia, finalmente recompensada por el largo viacrucis de sinsabores y penalidades sufridos por adquirir una entrada. El clímax del primer bloque llegó con Unison.
Los 15 minutos de pausa sirvieron para que los fans se pellizcaran para confirmar que todo aquello era real. Ni ciertas miradas de desconfianza de algunos empleados del Liceu evitaron que aquella fuera una noche distinta y memorable, un punto y aparte en el historial musical barcelonés. Y Björk eligió, como en el resto de la gira, un vistoso vestido rojo para llevar el concierto hasta su cumbre a partir de la interiorista You've been flirting again.
El hielo de la primera parte se derritió hasta mutarse en magma volcánico. Isobel (otro guiño a Post, el segundo disco más citado de la noche) viajó hasta ese realismo mágico hi-tech crecido entre géiseres y secuenciadores. Y Pagan poetry mostró la cara más emocionante de Vespertine. Aunque la escalada a la cumbre la marcó Army of me, un ataque de electrónica industrial del que las paredes del Liceu tardarán en recuperarse. Y luego, otras dos cartas seguras: Hyper-ballad y Bachelorette.
Las siete canciones del segundo bloque supieron a poco, y Björk sólo las amplió con tres canciones en tiempo de bises. The anchor song, con Zeena Parkins frente al órgano, viajó hasta los días de Debut, el disco que en 1993 mostró las cartas de la Björk solista tras la aventura de Sugarcubes. Y, sin huir de aquel disco, Human behaviour impuso su robusta complexión de pop tecnológico.
Roto definitivamente el silencio en las gradas con palmas, alaridos con poco glamour y piropos a la artista, el escenario acogió por última vez a Björk, que presentó a sus acompañantes entre vítores. Y el colofón vino con una canción nueva, no incluida en Vespertine, que a la espera de su edición discográfica es conocida como Our hands y que dispone de un rotundo crescendo a base de ruido electrónico. Hasta el coro esquimal perdió las formas y bailó frente a un Liceu desconocido. Noche histórica, pues, y con motivos.
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http://www.lavanguardia.es/
Björk conquista el Liceu
La islandesa, muy rockera, presentó "Vespertine"
La Vanguardia - 03.15 horas - 05/11/2001
ESTEBAN LINÉS
Barcelona.
ÀLEX GARCIA
La cantante islandesa, durante su concierto de anoche en el Liceu
Cuando aún las colas para acceder al Liceu serpenteaban casi cien metros Rambla arriba, el grupo telonero Matmos comenzaba su aperitivo, puntualmente, a las ocho de la tarde de ayer. Las extremadas medidas de seguridad -nunca vistas en el coliseo de la Rambla- eran tan insólitas que el propio promotor de la velada, Neo Sala (Doctor Music), confesaba que "con estas exigencias tan desmedidas del Liceu más me sale a cuenta hacer un concierto de heavy metal en Razzmatazz, gano más dinero y la gente no se cabrea".
Evidentemente, el público que abarrotaba el recinto se comportó, hizo palmas en algún momento de la segunda parte del concierto, se desgañitó con un par de canciones -las más enfurecidamente rocke- ras- y, eso así, una voz anónima gritó: "¡Björk, I love you!".
La alabanza estaba más que justificada porque la cantante y compositora islandesa ofreció un concierto excepcional, por méritos propios y por circunstancias del entorno.Pocas veces se tendrá la oportunidad de ver en el coliseo lírico una velada de rock tan abrasador, porque cambiando bastante el guión del programa previsto, anoche hubo rock de vanguardia, epidérmico y de elevado octanaje sonoro y visual.
La excusa era "Vespertine", el último disco firmado por la iconoclastas/icónica artista, y que aterrizaba en único concierto español con cierta pátina de clasicismo: una sanguínea orquesta de 54 jóvenes músicos (Il Novecento), el ya famoso coro de 14 esquimales groenlandesas y el no menos citado dúo de música electrónica, Matmos. El disco, además, es musicalmente de una correción absoluta para oídos sensibles.
A la hora de la verdad, Björk, que dividió su concierto en dos partes con su respectivo descanso -hubo un latoso miniconcierto de más de media hora de los dichosos Matmos... lo cual por una vez fue genial porque permitió que el público, con una paciencia infinita, llegara a tiempo a sus carísimas butacas-, ha enroquecido su directo. En los primeros tres cuartos de hora repasó su último CD, más un par de cortes de la película "Bailando en la oscuridad": la perfección del clasicismo björkiano se disfrutó al empalmar "It's not up to you" con "I've seen it all", cuando la cuerda y los teclados electrónicos bailaban al unísono.
Poco más se pudo oír de "Vespertine" -una lástima, "Hidden place" y "Cocoon" son para llorar de gozo- porque a continuación se ofreció un repaso de obras anteriores, con especial énfasis en su disco "Post", Y eso fue otra cosa. "Hyperballad", "Army of me" e "Isobelle" llenaron de bases, ritmos, electricidad pura el Liceu, con una sacerdotisa descalza -ataviada entonces de plumaje rojo; antes, de blanco- que corría, se arrodillaba, aullaba, acariciaba, bailaba frenética, pero cuya voz estuvo exactamente siempre en el lugar requerido. Un escenario sobrio, unas luces justas... no hacía falta nada más.
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